2010. Codo con codo

En 2010, los cinco artistas participantes dejaron huella de su buen hacer y de su categoría humana. Trabajaron codo con codo en el recinto de la Ermita mientras preparaban sus obras para colocarlas después en su lugar definitivo, acompañando a Bodo Rau (Alemania), que trabajaba allí en su obraSimbiosis. El propósito de este artista no es copiar la naturaleza sino unirse a ella en su proceso de transformación, provocando así múltiples reflexiones. Su trabajo ofrece una puesta en escena en la que naturaleza y contexto, obra y soporte actúan como protagonistas simultáneos.

Manu Pérez de Arrilucea unió en una chopera el viejo armario de su abuela con un chopo, creando El tronco en el armario, una obra poética y un punto irónica que nos invita a reflexionar sobre lo natural y lo elaborado, uniendo íntimamente la materia prima con el producto acabado.

María Ortega Estepa (Córdoba) se preguntó sobre la memoria del árbol y los seres vivos con Paisajes de mil vidas, una serie de troncos seleccionados y rellenos de serpentinas de colores simulando los anillos de un árbol, que son el testimonio de su vida.

François Méchain (Varaize, Francia) se define a sí mismo como un escultor y fotógrafo nómada. Con una gran trayectoria internacional como artista y profesor, sostiene que el arte no debe ser decorativo, sino combativo. Su obra¿Qué tal?, homenaje a Goya es un globo terráqueo de alambre de espino que denuncia la agresividad de nuestro mundo mediante un mensaje ecologista y anticapitalista.

Eduardo Alavarado (Miranda de Ebro, Burgos) propuso una revisión de la pintura de paisajes. Bajo el título Aprender el paisaje nos ofrece una serie de pinturas en las que representa piedras halladas en los alrededores del pueblo, elevando a obra de arte las pequeñas cosas.

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