2005. Megalomanía 

Desde su origen, las intervenciones de los artistas han destacado por su gran tamaño. Muchos de ellos han desplegado sus creaciones en superficies de gran amplitud, interviniendo en diferentes localizaciones. La tercera edición de Arte en la tierra, en agosto de 2005, consolidó esta tendencia y los artistas siguieron inclinándose por la megalomanía.

Pamen Pereira (A Coruña) impactó con su obra El curso circular de la luz: más de trescientas calaveras y semillas de coco doradas constituyeron un luminoso tesoro que emergía de la oscuridad de una cueva y se derramaba al exterior.

Pepe Iglesias utilizó un cubo de paja con maquinaria agrícola en su interior, visible a través de pequeñas ventanas.

Tomás García de la Santa formuló una propuesta entrañable: Anidar en la Tierra. Dieciséis conos excavados en la tierra alojaban otras tantas cabezas de barro y paja, representando a cada uno de los habitantes del pueblo. Quedaron enterradas en el lugar cuando fue necesario utilizar de nuevo la finca.

Roberto Pajaresel Pájaro, aportó a la muestra sus ‘amuletos totem’, poderosas esculturas que emergían de la tierra semejantes a enormes serpientes.